¿Qué pasaría si…?

Sin salir aún de mi asombro, continuaba allí sentado en esa extraña habitación de blancas paredes.

Mis ojos revisaban por enésima vez el resumen de la ingente cantidad de documentación que me habían entregado y había leído en las horas previas, mientras esperaba a que el señor B. volviera a entrar por la puerta y se sentara de nuevo en su elegante sillón detrás de su imponente escritorio de madera oscura.

Umm… Madrid, España —pensé—. Entre el diez por ciento de ciudades más ricas del mundo; no parece un mal lugar.

Profesiones del top veinte en nivel cultural y de remuneración, profesor universitario y magistrada; eso parecía un buen comienzo.

Año 2013; ahí ya no sabía bien qué pensar… recordaba que el informe económico ponía algo bastante incomprensible sobre una difícil crisis económica en Europa.

De pronto el señor B entró con urgencia en la habitación, con su habitual indumentaria blanca, tomó asiento y se dirigió a mí con un tono mezcla de paternalismo y distanciamiento.

—Fernando ¿Ha leído ya toda la documentación?

Yo, simplemente, asentí con un movimiento de cabeza.

—Y por lo que percibo continúa dispuesto a seguir adelante —comentó el señor B y mirándome fijamente a los ojos continuó hablando:

—Bien, últimamente no es algo que se dé todos los días. Desde que implantamos el nuevo sistema más del cincuenta por ciento de los sujetos potenciales se niega a seguir adelante. Y, créame, no los culpo. Vivir no es una actividad nada fácil, ni siquiera si uno cuenta con unas potenciales buenas condiciones de partida como parece ser su caso, señor Fernando. El mundo es muchas veces un lugar oscuro y triste, el hombre una insignificante marioneta en medio de leyes físicas que ni siquiera empieza a comprender en profundidad. No envidio en absoluto tener que tomar una decisión como la suya. Ahora bien, hay muchos potenciales individuos que tras arriesgarse llevan a cabo vidas plenas y felices y nos dan efusivamente las gracias cuando regresan, algunos incluso nos piden que volvamos a ponerlos a la cola para el futuro.

—Entonces, si se ha decidido —continuó el señor B —firme ahí, Fernando, donde dice “Doy mi consentimiento para nacer como ser humano en las condiciones recogidas en el presente contrato”. Eso sí, le comento de nuevo que no recordará nada de este proceso cuando comience su vida.

Tras una profunda inspiración, cogí la pluma que me ofrecía el señor B y firmé.