Un café con amigos por mi cumpleaños (breve introducción a algunos conceptos clave de la filosofía estoica)

Estatua del emperador Marco Aurelio

Este año para celebrar mi cumpleaños, además de encuentros más tradicionales, decidí invitar a tomar un café en el despacho (y aquí les traigo un breve resumen de lo que hablamos porque creo que puede ser interesante) a unos amigos especiales de los que vengo aprendiendo mucho en los últimos años, Seneca, Epicteto y Marco Aurelio


Probablemente estos nombres sean, en general, suficientemente conocidos, al menos de oídas, por todos, pero por si acaso os los presento muy brevemente (el que quiera más datos sólo tiene que ir, por ejemplo, a la Wikipedia, hoy el acceso a la información es mucho más sencillo que hace casi 2.000 años cuando vivieron todos estos amigos filósofos) Seneca fue quizá el hombre más rico en su tiempo del Imperio Romano, lo que equivale a decir, muy probablemente, la persona más rica de todo el mundo, dejó una importante obra escrita, fue senador y preceptor y consejero del Emperador Nerón lo que le valió finalmente tener que suicidarse por deseo de este. Epicteto nació esclavo y al parecer quedó cojo (aunque como él bien explica en sus textos la cojera es un impedimento para la pierna, pero no para la voluntad) fue liberado en cierto momento de su vida y se puso al frente de una escuela para enseñar filosofía. Marco Aurelio, probablemente el que menos presentación necesita, fue emperador del Imperio Romano, el último de los denominados “cinco buenos emperadores” tuvo que bregar en su época con numerosas y complejas guerras, tuvo trece hijos de los que sólo cinco le sobrevivieron, entre ellos Cómodo que sería el siguiente emperador (este, al parecer, bastante menos bueno que los anteriores líderes del Imperio)


Nada más llegados a casa y tras sentarnos y servir el café (alimento que les sorprendió pues no se consumía en la antigua Roma), la conversación derivó rápidamente hacía temas importantes pues los estoicos aborrecen de las típicas charlas que solemos tener los humanos del siglo XXI sobre cuestiones intrascendentes (Ya recomendaban ellos en su época que no se pasará el tiempo charlando sobre cotilleos y gladiadores o bandos del Circo —los verdes y azules, el Madrid y Barça de entonces—)

Así pues, lo primero que les quise plantear, aprovechando que nunca había tenido tanta sabiduría en mi casa, fue la pregunta clave que además aborda de forma nuclear la ética estoica. ¿Cómo he de vivir?  a ello me respondió rápidamente Epicteto:

Debes vivir conforme a la naturaleza — y continuó con una extensa pero crucial explicación (Si a algún lector se le hace muy larga se resume después en una sola frase, pero la «Dicotomía del control» es uno de los principios clave del estoicismo y por eso he creído conveniente reproducir el párrafo completo con el que se abre el Enchiridion o Manual de Epicteto)

En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen; nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones. 

Las cosas que no dependen de nosotros son: el cuerpo, los bienes, la reputación, la opinión de los demás; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción. 

Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas. 

Recuerda pues que, si tu crees libres, a las cosas por naturaleza esclavas, y propias, a las que dependen de otro; encontrarás obstáculos a cada paso, estarás afligido, alterado, e increparas a Dios y a los Hombres. En cambio si tu tienes, a lo que te pertenece, como propio y, a lo ajeno como de otro; nunca, nadie, te forzará a hacer lo que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres. No increparás a nadie, ni acusarás a persona alguna; no harás ni la más pequeña cosa, que no desees; nadie, entonces, te hará mal alguno, y no tendrás enemigos, pues nada aceptarás que te sea perjudicial. 

Aspirando entonces a tan grandes bienes, recuerda que tu no debes trabajar mediocremente para lograrlos, y que, en lo que concierne a las cosas exteriores, debes enteramente renunciar a algunas y diferir otras. Pues si buscas armonizarlas, y ambicionas estos bienes y también riquezas y honores, quizá no obtengas ni siquiera éstos últimos, por desear también los otros; pero con toda seguridad, no obtendrás los únicos bienes con los que logras tu libertad y felicidad. 

Así, ante toda fantasía perturbadora, está presto a decir: “Tu no eres sino una imaginación, y en absoluto eres lo que parece”, enseguida examínala con atención y ponla a prueba, para ello sírvete de las reglas que tienes, principalmente con esta primera que es, a saber : de si la cosa que te hace penar es del número de aquellas que dependen de nosotros o de aquellas que no están en nuestro poder. Si es de estas últimas, di sin titubear: Esa en nada me atañe.

Marco Aurelio, que estudió los textos recogidos por Arriano (un discípulo aventajado de Epicteto) y que han llegado hasta nuestros días, estuvo presto a añadir, Sí, Epicteto, lo resume de forma aún más magistral en la siguiente frase:

— No pretendas que lo que ocurre ocurra como tú quieres, sino quiere que lo que ocurre ocurra como ocurre. Así el curso de tu vida será feliz.

Ante esta cuestión, claro, surge la pregunta de cómo aplicar esta diferenciación práctica a nuestra vida porque esta “aceptación del destino o del orden natural de las cosas” y la concentración en nuestro área directa de influencia no convierte a los estoicos en personas pasivas sino todo lo contrario, son hombres con una vida pública notable (un senador, un maestro, un emperador…), cuando la formulé Epicteto me replicó rápidamente y me puso como ejemplo un viaje en barco:

Siempre y en todo momento debemos hacer lo que de nosotros depende, permaneciendo firmes y tranquilos respecto a lo demás. Si me veo obligado a embarcarme, ¿qué debo hacer? Pues lo que está en mi mano y es acorde a mi razón: escoger el barco, el piloto, los marineros, la estación, el día y el viento favorable; he aquí cuanto depende de mí. Luego, si en alta mar sobreviene una tormenta, ya no tengo yo nada que hacer, todo es asunto del piloto. ¿Que la embarcación zozobra? Pues en vez de gemir, llorar o apesadumbrarme, me dispongo a hacer lo que esté en mi poder y facultades para salvarme; sin dejar de pensar que todo lo nacido tiene que morir, según ley general de la que yo no puedo librarme. Porque no soy la eternidad, sino simplemente un hombre, una parte del todo, como una hora es una parte del día. Y así como cada hora llega y pasa, yo, que he venido, debo pasar asimismo. Y si debo pasar, ¿qué más da la manera de hacerlo, ya sea por medio de la fiebre, ya por la acción del agua?

Inmediatamente al oír esta respuesta me vino a la cabeza una redefinición de estos principios que ha llevado a cabo un filosofo contemporáneo, William B. Irvine, y que ha denominado: “Interiorización de las metas”, en un ejemplo más contemporáneo un jugador de tenis (podríamos pensar por ejemplo en Nadal cuyo tío además ha basado parte de su entrenamiento en los principios de Sócrates, figura muy admirada por estos filósofos que lo consideraban un modelo de virtud) debe pensar en preparar lo mejor posible el partido y tratar de jugar al máximo nivel, después hay una serie de cuestiones que no dependen de él como que pueda hacer viento y eso le perjudique, una lesión, o simplemente que el rival sea mejor y juegue un gran partido. Se debe centrar por completo y con la máxima atención en aquello que está bajo su control y no en aquello que no depende de él. Sin duda, creo, un buen consejo para nuestro día a día.


Como el tiempo pasa rápido y estos invitados son personas muy ocupadas paso ahora, tras comprender mejor estos conceptos, a preguntarles ¿Qué es lo más importante para el hombre?

De nuevo Epicteto me contesta:

— Lo único importante es la Virtud, obrar virtuosamente comprendiendo que es lo bueno, lo malo y lo indiferente. Existen cuatro virtudes principales: Sabiduría, Justicia, Coraje y Templanza (virtudes que ya consideraba así Platón)  “¡La única cosa que es buena es actuar virtuosamente y la única cosa que es mala es la opuesta, actuar viciosamente» Lo demás son indiferentes preferibles (por ejemplo, la salud o la riqueza) o no preferibles (la muerte, la enfermedad, la pobreza) pero no deben nunca comprometer la virtud, si consigo, por ejemplo, riqueza a cambio de comprometer la virtud estoy obrando tremendamente mal.

Esos indiferentes lo son también porque no constituyen un bien por si mismo, la riqueza puede ser empleada igualmente para ayudar a los demás o para comprar armas de destrucción masiva, a muchas personas una grave enfermedad, un indiferente no preferible, les ha llevado a tener mucha mayor conciencia de su vida y a ser más felices tras superarla.  Las cuestiones externas nunca son buenas o malas en sí, lo único realmente bueno es la virtud, el saber discernir el bien del mal y hacer un uso correcto de las «representaciones» que además es lo único que está siempre bajo nuestro control.—

En un mundo actual tan centrado en la acumulación de “cosas externas” ma parece importante resaltar las palabras que me transmitió inmediatamente después Séneca:

Por lo que se refiere al hombre no importan ni sus tierras, ni su dinero, ni sus clientes, ni la cama en que duerma o el vaso en que beba, lo que importa es cuánta sea su bondad pues ella es el sumo bien del hombre.

Ninguna persona tiene el poder de tener todo lo que quiere, pero está en su poder no desear aquello que no tiene y, con alegría, hacer buen uso de aquello que sí posee

Me hubiera gustado seguir charlando con estos amigos filósofos mucho más tiempo porque además hay muchos otros temas sobre los que el Estoicismo tiene reflexiones muy actuales como el cosmopolitismo, la naturaleza del mal, el ecumenismo (el Estoicismo es una de las pocas filosofías que acepta la posible existencia de un Dios creador y al mismo tiempo su posible ausencia sin variar en lo esencial su contenido, aunque este interesante tema es muy complejo de abordar en unas líneas), la posición del hombre en el universo etc pero el tiempo se termina (quizá pueda haber más ocasiones de seguir aprendiendo), no obstante antes de concluir les pido a cada uno una breve reflexión final.

El primero en intervenir es el emperador Marco Aurelio, que me dice:

El corto espacio de tiempo que te queda por vivir no lo malgastes en pensar en los asuntos de otro, a menos que éstos sean un bien para la sociedad. No podrás ocuparte de lo que otro hace, y de por qué lo hace, de lo que dice o piensa, de las intrigas que trama o de otra cosa cualquiera por el estilo, so pena de faltar también a otro cualquiera de tus deberes.

Tras él Seneca interviene en la línea de la conversación anterior que aún seguía coleando:

Es feliz, por tanto, el que tiene un juicio recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que quieran, y es amigo de lo que tiene; es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a todas las cosas de su vida.

Epicteto me recuerda antes de marchar, algo muy importante, que el momento es ahora:

¿Hasta cuándo esperarás para juzgarte a ti mismo digno de lo mejor y para dejar de ofender a la Razón que te gobierna? Conoces los principios teóricos. Has conversado con quien debías. ¿A qué otro maestro sigues esperando para que se ocupe de corregirte? Ya no eres tan joven, te has convertido en un hombre adulto. Si ahora te despreocupas y te muestras negligente, si sigues acumulando los retrasos y dejando de nuevo para mañana la decisión de prestarte atención a ti mismo, pasarás por alto que no haces ningún progreso, y permanecerás ajeno a la filosofía a lo largo de toda tu vida y también en el instante de tu muerte. Desde ahora, por lo tanto, júzgate digno de vivir como un adulto, como alguien que avanza en su camino. Que todo aquello que te parece lo mejor, te sea irrenunciable. Y cuando confrontes una situación penosa o agradable, o una que refuerza o socava tu reputación, recuerda que es entonces cuando tiene lugar el combate, es entonces cuando tienen lugar los Juegos Olímpicos, que ya no hay tiempo para echarse atrás, y que la ruina o la salvaguarda de tu progreso moral se juega en un solo día, en una circunstancia cualquiera. Así llegó Sócrates a ser Sócrates, exhortándose a sí mismo en cada momento a no prestar atención sino a la Razón. En cuanto a ti, que aún no eres Sócrates, debes vivir cada día como si quisieras convertirte en un Sócrates.

Sin duda esas directas palabras de Epicteto, seguramente el más duro de los filósofos estoicos en su argumentación, me dieron mucho en que pensar durante las siguientes horas, no obstante, además de esto que me han transmitido estos amigos estoicos me gustaría también cerrar este breve resumen de esa conversación imaginaria con una reflexión general que considero clave y que repite a menudo un interesante filósofo actual especializado en el Estoicismo, Massimo Pigliucci:

La cuestión de cómo vivir es un tema capital. ¿Cómo deberíamos afrontar los retos y las vicisitudes de la vida? ¿Cómo nos deberíamos comportar en el mundo y tratar a los demás? Y la cuestión última: ¿cuál es la mejor preparación para la prueba final de nuestro carácter, el momento de nuestra muerte?

Pigliucci, profesor del City College de Nueva York, defiende que más allá de la filosofía de vida que uno elija (y pone como ejemplo además del Estoicismo otras dos que se encuentran bastante de actualidad en nuestro tiempo y que tienen también un gran interés para mi como el Epicureismo y el Budismo) lo más importante, lo nuclear, es llegar a tener claramente una filosofía de vida y unos principios firmes que permitan caminar por la vida con criterios y no caer simplemente en el «hedonismo adaptativo» que suele ser la única y difusa referencia de muchos contemporáneos durante toda su existencia. El Estoicismo es, simplemente, uno de esos caminos que se abre, uno interesante y exigente, como opción para vivir de forma más consciente y feliz.



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2 pensamientos sobre “Un café con amigos por mi cumpleaños (breve introducción a algunos conceptos clave de la filosofía estoica)”

  1. Qué lujo leerte, gracias por compartir ese café cumpleañero. El próximo año si repites convocatoria me gustaría asistir, aunq al igual que ellos me gustaría una merienda más natural… Q tal unas uvitas? Y me pido al lado de Epicteto que parece con tendencias budistas… Podríamos invitar a la rama oriental? Por ampliar el debate. En fin, q es tu cumple y hace nada el mío. Si quieres para otro año compartimos amigos. De verás q me ha gustado mucho, espero no tener q esperar al año siguiente para leerte. Es curiosa tu capacidad de regalar a los demás cuando se presupone te debemos regalar. Feliz cumpleaños, eres un ser maravilloso. Gracias por existir (aunq eso no dependa de ti, si q es tu mérito el tipo de ser q estás siendo) Gracias!

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