Coronavirus, percepción y expectativas

coronavirus distancias

«Eramos felices y no lo sabíamos»

Esta sencilla frase que leí por primera vez en este contexto actual hace un par de días a Marta Rivera, escritora y ahora política, en Twitter, y que hoy da título también a una columna de Iñigo Domínguez en El País (y qué probablemente es una reflexión que se le ha pasado por la cabeza a muchísima gente en estos primeros días de estancia domiciliaria obligatoria) me hizo pensar rápidamente en ese error tan humano de dar todo lo que ya tenemos por hecho (la salud, el trabajo, los amigos, que nos despertaremos mañana…) y desear más y más (cosas, viajes, sensaciones, dinero…)

De repente un «cisne negro» (o no tan negro al parecer porque muchos científicos e incluso el hombre mas rico del planeta en su momento, Bill Gates, habían avisado claramente de que esto podía pasar) lo cambia todo y entonces quizá empezamos a darnos cuenta de que éramos felices (mucho más de lo que pensábamos al menos) y no lo sabíamos.

Éramos personas que podían pasear con amigos por la calle o por un parque y disfrutar por ejemplo de las vistas increíbles que ofrece una ciudad como Salamanca, podíamos ir al supermercado y encontrar miles y miles de productos a nuestra disposición cogiéndolos simplemente de una estantería (sin temor ninguno además a infectarnos), no vivíamos preocupados de poder llevar la enfermedad o la muerte a nuestros seres queridos cada vez que nos acercáramos a ellos y muchas otras hermosas rutinas como ir al cine, a la playa, viajar… que dábamos por derechos naturales adquiridos de forma definitiva, que por fin ahora, en medio de esta pesadilla, empezaremos a valorar.

Los seres humanos tenemos enormes dificultades para tener una percepción correcta de la realidad y probablemente padecemos una enfermedad horrible llamada expectativas: esperamos insensatamente vivir siempre, tener salud, poder hacer realidad sueños que nos inventamos y cambiamos cada 15 minutos, comprar cosas que nos hagan felices dos o tres días antes de comprar la cosa siguiente… Muy posiblemente una circunstancia tan disruptiva como la actual nos haga cambiar la forma de pensar, al menos temporalmente. Me temo que la esperable y esperada vuelta a la normalidad también borrará con el tiempo toda prudencia y sabiduría que podamos desarrollar en estos meses siguientes pero al menos disfrutémosla mientras dure.

Por todo esto indicado, me parece muy reseñable destacar una actitud ante la vida seguramente mucho más sana que la de dar todo por sentado, dar las gracias. Muchas grandes tradiciones filosóficas como el estoicismo o el budismo y también la religión cristiana de la que nuestra cultura es heredera directa sitúan la acción de gracias como un elemento esencial. Esa gratitud hacia lo que tenemos y de lo que nos damos cuenta únicamente cuando nos falta es una compañera maravillosa para la vida. Incluso en circunstancias como las actuales y si uno tiene la suerte de estar sano uno puede levantarse cada mañana y dar gracias por un día más, por tener una casa, tener alimento, amigos, familia, tener un ordenador para escribir y trabajar o incluso, aunque no lo valoremos apenas, un pequeño aparato llamado móvil con acceso al 90% del conocimiento mundial y a una cantidad de libros, películas y música absolutamente incalculable así como con la capacidad de poder ver y hablar con cualquier persona del planeta en tiempo real (un pequeño aparato que desechamos cada dos o tres años por el que hubiera dado la mitad de su reino cualquier rey todopoderoso del Renacimiento o el más alabado emperador romano, que también habría cambiado buena parte de su fortuna por dar a un interruptor y tener luz eléctrica, televisión o agua caliente a voluntad en cuestión de segundos para poder ducharse)

Creo, por ello, que debemos dar gracias (y dar las gracias a los demás también) y sentirnos agradecidos con mucha más frecuencia y comprender mejor el increíble milagro que es la vida. Ojo que este agradecimiento, este darnos cuenta de todo lo bueno que ya hay y que disfrutamos con el piloto automático, no es incompatible en absoluto con el progreso social y con trabajar para un mundo más justo y mejor que esperemos que es a lo que nos lleve en parte esta tremenda crisis si somos, ojalá esta vez sí, capaces de aprender de ella.

Para terminar, voy a hacerlo refiriendo brevemente el nivel máximo de agradecimiento del que creo tener constancia (ojalá la mayoría de nosotros, yo el primero, fuéramos tan sabios y fuertes para poder tener esta perspectiva y entendimiento de la vida –los estoicos hablarían de tomar las cosas por el asa que las hace soportables y enriquecedoras–) el que escuché en una homilía hace unos pocos años en la que el sacerdote contaba el fallecimiento de un joven de poco más de veinte años por una larga enfermedad y como mientras consolaba a sus padres la madre le dijo una frase que no se le olvidaría nunca. «Créame, padre, doy gracias a Dios todos los días por estos años junto a mi hijo que han sido los mas maravillosos de mi vida.»

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4 pensamientos sobre “Coronavirus, percepción y expectativas”

  1. Aunque la memoria es frágil, habrá un antes y un despues de esta crisis. Completamente de acuerdo en que no hay nada mejor para valorar algo que verse sin ello Lo triste es que tengamos que vernos en esta situación para reconocerlo. Falta sin embargo, en tu reflexión, un elemento que me desasosiega: Bien es verdad que nos vemos desbordados por un fenómeno que nos hace poner los pies en el suelo, triste, horrible y ciertamente preocupante, pero piensa por un momento que se trata de una cuestión de cercanía. Llevamos años teniendo información sobre fenómenos similares (ébola,malaria) y sobre otros (hambrunas, Guerras, etc), que han hecho sufrir a un monton de seres humanos pero que no han merecido nuestra atención porque no nos caían cerca ni considerabamos que pudieran afectarnos. Otra cosa que debería cambiar cuando salgamos de esta, sería la empatía y el reconocimiento de que el dolor es el mismo para todos. Felicidades por tu reflexión Fernando.

  2. Gracias por el comentario. Lo que plantea es, creo, totalmente correcto, es otro «defecto» muy humano el valorar los acontecimientos según la cercanía y que me importe mucho más la vida de un familiar que la de una persona de otro rincón del planeta o la situación sanitaria de mi ciudad por encima de la de la provincia cercana… donde viven y mueren personas exactamente iguales que yo. Soy el primero que piensa que sólo existe una única raza, la raza humana y que más pronto que tarde integraremos un único «país» con un gobierno común para resolver los problemas comunes del planeta y mirar juntos hacía las estrellas pero mientras nos falta aún muchísima conciencia colectiva y esa empatía y reconocimiento. La (des)Unión Europea ha sido un ejemplo lamentable en los últimos días con todos los países preocupándose únicamente de ellos mismos y negando incluso a un país socio y amigo como Italia la ayuda más elemental que demandaba… Esperemos también aprender en este campo.

  3. Gracias por tu acertada reflexión Fernando, estoy de acuerdo con ella. Sobre todo con la parte del agradecimiento, creo q es una firme columna en la q asentar nuestras vidas.
    También estoy de acuerdo con todo lo referido al fenómeno de la cercanía q comenta Bejarano, por desgracia es así, nuestra empatía llega hasta donde llegan nuestros apegos.

    Pero hay algo en lo q me gustaría q no acertaras Fernando, no quiero q al pasar ésto la gente se acomode. Quiero creer en q ésta vez es la buena, quiero tener la esperanza de q realmente termine la corrupción, de q se pase al patrón económico q no deje morir de hambre a nadie, de q esas familias oscuras con riquezas q no podrían gastar en varias vidas, pasen a comprender por las buenas (a poder ser) q hemos llegado a un cambio de paradigma.
    Quiero q cuando entre a ver una obra de teatro sobre la época romana, no salga pensando si no la han adaptado a nuestra época, pq la corrupción y todo lo demás sigue igual.

    Quiero creer en q una gran parte de la humanidad está del lado de la luz, resilente y preparada. Para q todo lo q está ocurriendo ahora, sea una crisis de sanación. Para cada ser individual, para q cada uno se dé cuenta de q esa manida frase, sobre ser el cambio q queremos ver en el mundo, se de en nosotros al fin.

    Creo q es hora de q conservemos todo aquello q nos gustaba de la vida q teníamos y revisemos lo q no nos gustaba ( injusticias, corrupción, desequilibrio económico y ecológico, etc.)
    Por lo tanto… espero q te equivoques Fernando, espero q las personas no se vuelvan a quedar en la zona de confort q estaban.
    Espero q nada vuelva a ser como era, pero para bien.
    Espero q volvamos a disfrutar de todo lo maravilloso q había en nuestras vidas valorando, agradeciendo…
    Pero lo cierto es q también me gustaría q dejemos atrás el sentirnos separados ( por distancias, razas, clase social…) Y q todo ésto nos haga conscientes de q somos fractales de una misma energía, de esa esencia divina q nos hace inseparables, eternos, infinitos.
    Sólo espero q el amor triunfe sobre el miedo y comience una revolución pacífica constructiva.
    Gracias Fernando por hacernos reflexionar sobre ello, personas como tú hacen q la vida sea mejor. Haces q tenga esperanza en q ésta vez sea la buena y lo logramos.

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